VIGÉSIMA QUINTA PARTE: Luis Ambriz López

Redacción
“… En el periodismo, nadie es mejor o peor que otro; cada uno tiene su estilo y forma de trabajar. Cada cual tiene el lugar que se ha forjado para sí mismo”…”.

Por Felipe Canchola González

Reportajes de Guanajuato
“Cuando trabajaba como almacenista en “Conductores Monterrey”, sucursal Irapuato, leía con gran interés la revista de la empresa que se editaba en la capital de Nuevo León, donde se ubica su sede. Me apasionaban las narrativas sobre las tradiciones de nuestra geografía nacional”.
“Se publicaban temas históricos, turísticos, productivos y las actividades más sobresalientes en las ciudades y rincones de las diversas entidades de México. Cada rincón de nuestro país tenía su propia magia, pero lamentablemente no se veía nada de la riqueza y tradiciones de Guanajuato”.
“Por iniciativa propia, comencé a hacer reportajes donde narraba la belleza de nuestros paisajes, sus atracciones históricas, sus tradicionales leyendas, sus espacios naturales y demás características que posee esta parte del Bajío, denominado alguna vez: “Granero y yunque de nuestra nación”.
“Envié mis trabajos sobre Guanajuato capital, León, San Miguel Allende, Dolores Hidalgo, Salamanca, Yuriria, entre otros, que merecieron diseños especiales y elogios de los editores. Como resultado, me nombraron corresponsal de esta publicación en el Estado de Guanajuato”.

Estudio y oficio
Luis Ambriz López nació en Morelia, Michoacán, el 24 de abril de 1940. Luego de haber cursado el tercer año de primaria, por circunstancias laborales de su padre, llegaron a radicar a esta ciudad de Irapuato, donde continuó y concluyó su instrucción primaria.
Cursó la carrera comercial en el desaparecido “Instituto Pal” y posteriormente estudió la secundaria abierta en la escuela “El Águila”, estudios que le permitieron continuar con sus actividades laborales en diversas empresas.
Comenzó como ayudante de ventas en una ruta de distribución de la Pepsicola, de fue llamado por su competencia, la Cocacola, como ayudante general en el área de Producción. Fue promovido al área de ventas y finalmente fue responsable de una unidad móvil del Departamento de Publicidad.
“Esta actividad me emocionó porque en ella me descubrí las cualidades necesarias para dirigirme al público, con micrófono y altavoces, a lo largo y ancho de calles y colonias del medio urbano, suburbano y rural”, recuerda Ambriz López.

El mundo de la radio
“También me sirvió para ello el antecedente que tuve cuando niño con el desparecido Pascual García, connotado locutor de la radiodifusora “XEWE”, propiedad de Radio Grupo Antonio Contreras. Los domingos por la mañana, asistía al programa infantil donde recitábamos y cantábamos. Algunas veces se me dio la oportunidad de “conducir” el programa, lo que a mí me sirvió para hacer mis “pininos”. En las audiciones nos acompañaba el maestro Camilo Fuentes con su guitarra”.
“Estuve en ese mundo maravilloso del que ya no quería salir, por lo que empecé a establecer amistad con los locutores y los frecuentaba diariamente. Me mostraban el funcionamiento, las cabinas y el equipo técnico. Sobre la marcha me daban lecciones sobre la forma de manejar el micrófono e interactuar con el público, manejar los discos y atender las peticiones por vía telefónica”.
“Me despertó la atracción por los deportes, así que sin pensarlo dos veces, busqué y entablé amistad con los cronistas y comentaristas de la época, quienes laboraban en la competidora “XEBO” de don Martiniano Martínez Vela. Al poco tiempo, el locutor Erasmo Ramírez me convirtió en su ayudante dentro de un programa deportivo donde participaba Víctor Manuel García “El rifeño”.
“Las audiciones eran apasionantes, pues los concursos de los aficionados mediante preguntas y respuestas, tenían una muy codiciada premiación: Boletos para los partidos de futbol dominicales de Primera División, donde jugaba “La Trinca Fresera”.

“El Heraldo de Irapuato”
“Frecuentaban, por su cercanía con esta radiodifusora, algunos periodistas de la prensa escrita como Arturo Luna Ortega, quien era reportero de Deportes de “El Heraldo de Irapuato, y Ramón Chávez Díaz, ex locutor y reportero de Primera Plana en ese mismo matutino de la calle Tresguerras”.
“En ese tiempo yo elaboraba algunas colaboraciones que ocasionalmente enviaba a las redacciones de la prensa escrita para su publicación. Esta actividad también “me prendió” y decidí dedicarme de tiempo completo a ella, por lo que solicité mi ingreso a este periódico”.
“Fue mi viejo amigo Ramón Chávez quien me propuso para ser aceptado en el equipo de Redacción. Luego de algunas pláticas con Arturo Luna Ortega y Felipe Canchola González, quienes tenían las riendas de ese rotativo, finalmente ingresé como corresponsal en los municipios de Pénjamo, Abasolo, Huanímaro, Cuerámaro y Pueblo Nuevo”.
“Gracias a la capacitación personal y apoyo de Canchola González, quien ya había sido ascendido como asistente de la Dirección General de “El Heraldo de Irapuato”, me incrusté profesionalmente en el periodismo impreso. Incluso se me dio la oportunidad de fundar y editar, en sociedad con Chávez Díaz, un semanario independiente denominado: “El Libertador”.

Periodistas organizados
“Por esos tiempos se dio una “época de oro” sin precedente en cuanto a la unificación, dignificación y profesionalización de los comunicadores locales, mediante la creación de la “Organización de Periodistas Irapuatenses” -OPI-, cuyo primer presidente fue Felipe Canchola”.
“Ahí como socio, alterné y conviví con destacados periodistas como el mismo Canchola, Héctor Zambrano, José Luis Chávez, Armando Torres, Hortensia Moreno, Guadalupe Trejo, Estéban Salazar, Gustavo Estrada, Juan Martín Sánchez, Martín Mendoza y muchos otros que escapan a mi memoria”.
“Gracias a nuestra unificación y las gestiones de la directiva, se lograron obtener créditos para vivienda en la colonia “Valle del Sol”, donde muchos informadores y sus familias tuvieron, y algunos aún tienen, un techo donde vivir”.

Misiones escabrosas
“Las dos misiones que me dejaron una honda huella en el ejercicio de la profesión fueron: El accidente aéreo en Maravatío, Michoacán, y las trabajadoras destrozadas por el tren en el crucero Guerrero-Las Américas. Ambos hechos ocurrieron en un lapso de cuatro días el uno del otro. Quedé emocionalmente afectado porque, entre ambos percances, perdieron la vida centenas de personas”.
“El primero, ocurrido en el crucero de la avenida Guerrero y la colonia Las Américas, una camioneta de redilas transportaba, desde la zona rural a esta ciudad, a decenas de mujeres contratadas “a destajo” por una empresa procesadora y congeladora de frutas”.
“El conductor quiso “ganarle el paso” al tren, pero la camioneta de tres toneladas fue embestida y arrastrada violentamente. En el lugar de los hechos estaban esparcidas las partes de los cuerpos de las 28 mujeres que murieron, y de las otras tres que fallecieron en el Hospital General. El joven chofer resultó ileso y fue detenido en el acto”.
“Tres días después se registró “un avionazo” en el municipio de Maravatío, Michoacán. El aparato de “Mexicana de Aviación” procedía de Puerto Vallarta y se dirigía a la ciudad de México. Todos los viajeros y la tripulación resultaron muertos. Los restos de más de 180 personas estaban esparcidos por todas partes”.
“Cubrir la información y tomar las gráficas en ambos hechos casi consecutivos, me dejó una sensación emocional que hasta la fecha no puedo describir; las imágenes se estamparon no solo en la cámara y en la edición periodística, sino también en mi memoria”.

Aprendizaje
“Por ello, esta es la profesión por excelencia para aprender permanentemente de la vida. Debemos ejercerla con dignidad y respeto. En el periodismo nadie es mejor o peor que otro; cada uno tiene su estilo y forma de trabajar. Cada cual tiene el lugar que se ha forjado para sí mismo”.
“La envidia, soberbia, odio, resentimiento y canibalismo, no tienen cabida en nuestro gremio, puesto que al final del día, solo nos llevamos el aprendizaje, las satisfacciones, el deber cumplido y la balanza de nuestras propias acciones y omisiones al servicio de los demás”.

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