AÑO NUEVO, TIEMPO DE HACER UN BALANCE

Pequeñeces

Al terminar cada año, el fin del que se va y las promesas del que viene, nos hace pensar en el misterio de la creación del mundo, en lo que se hizo y en lo que se dejó de hacer, e involuntariamente hacemos un balance mental y lo más breve posible, de la interrogante ¿por qué y para qué venimos al mundo?
Algo en nuestro interior nos dice que fuimos creados para cumplir una misión, y nos cuestionamos si cumplimos bien o no con esa misión encomendada.
Nos preguntamos qué hicimos en el año que se fue. Sabemos que fuimos creados por Dios para corresponder a ese amor inmenso que Él nos demuestra y sostiene en cada momento, en su punto y lugar. Y nos preguntamos: ¿Hemos correspondido a ese amor inmenso con nuestros actos? ¿O nos hemos dejado llevar por la vorágine de las pasiones humanas, que nos alejan del plan de Dios; por los placeres mundanos, dando la espalda al Dios que nos creó?
Cada quien en su estado de vida tiene obligaciones que cumplir. ¿Los jóvenes se mantienen castos y fieles a su Creador?
Porque Él nos dio plena libertad para actuar como queremos, pero también nos dio unos preceptos para guiarnos por el camino del bien, y ¿hemos cumplido con estas reglas divinas, o las hacemos a un lado porque nos estorban para hacer y deshacer lo que quiero aunque ofendamos a Dios?
Es tiempo de analizar, de hacer un examen de conciencia y también de hacer propósitos para cambiar la ruta si vamos torcidos.
Este es el tiempo de hacernos una pregunta: ¿Estamos con Dios o con Satanás? Porque no hay otro camino; en este mundo tenemos que tomar un partido: o el del bien, o el del mal.
Y quizá nos ayude en este pequeño examen de conciencia el reconocer nuestra realidad, si consultamos a nuestra conciencia que es la que regula y quiere guiarnos por el camino del bien. Pregúntale a tu conciencia, este año que terminó ¿te acercaste más a Dios o te alejaste? ¿Le diste la espalda para que no “vea” tus acciones desordenadas y pecaminosas?
Recuerda que Dios es un Padre bueno que nos está esperando siempre. Que se asoma al horizonte para ver si ya te vas acercando a Él, para darte un abrazo amoroso de padre y para hacer fiesta en Cielo, porque el hijo perdido ha regresado. Dale ese gusto a Dios. Regresa a Él.
Y si estas en el camino de la verdad y la vida, refuerza tu decisión para amar más a nuestro Creador, porque Él es la fuente de la felicidad, de la alegría y de la paz en este mundo, y en el otro también.

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