Llegó la hora cero

Editorial

Este domingo culminarán meses, años de preparación, de angustias, de momentos de entusiasmo, y reuniones con millones de mexicanos a través de todo el país.
Todos los candidatos a la Presidencia de la República, a gobernadores, senadores, diputados federales y locales, presidentes municipales y hasta los regidores, todos han vivido intensamente el largo y peligroso camino de las precampañas.
Todos se autoconvencieron u otros los convencieron de que iban a ganar la elección y por eso le entraron. Hicieron cuentas de la bolsa, de los ahorros, de las contribuciones de los amigos y apoyadores y llegaron a la conclusión de que sí podrían ganar con cierta holgura. Pero la verdad es que el 95% de estos ciudadanos convencidos de su triunfo, van a ser derrotados, y algunos vergonzosamente. Pues sólo un 5% son los triunfadores y los demás van a sumirse en la profundidad de la amargura y la decepción.
Algunos van a impugnar en los tribunales sus triunfos imaginarios y van a sufrir más la decepción y se van a hundir en los brazos del odio hacia sus contrincantes, en la impotencia, van a tratar de convencerse que fueron “robados”.
Otros como Andrés Manuel López Obrador, va arrepentirse de todos los errores que ha cometido en las tres campañas presidenciales que ha vivido y va a maldecirse a sí mismo porque en la segunda campaña presidencial él mandó al diablo a las instituciones. Con lo cual dejó bien claro que no le importa la ley ni el derecho de los demás. Textualmente así lo dijo: “Al diablo con las instituciones” y agregó: “Yo soy el presidente de México”, mientras estaba investido con una bandera mexicana en su pecho haciéndose ilusiones que había ganado.
Esa simple expresión rebela que a López Obrador no le importa la ley ni las instituciones gubernamentales, a él sólo le importan sus propios intereses y quiere que todos los demás se inclinen y lo alaben como gran estadista, que no lo es. Sólo a fuerza de repetirlo, se convence a sí mismo de que “fue robado”.
En esta campaña recurrió a buscar el apoyo de los malosos de Napoleón Gómez Urritua, líder minero que robó 55 millones de dólares a sus agremiados; recurrió a la CNTE, sindicato dizque de maestros, que no tienen límites ni reglas, sólo ven su provecho, suspenden las clases en Oaxaca, invaden las avenidas de la Ciudad de México creando molestias a miles de capitalinos. Les encanta vivir fuera de la ley, igual que a AMLO.

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