La corrupción mayor está en las elecciones

Editorial

Todo el sistema electoral de México está viciado y es sólo una ficción que sirve para que el quien está en el poder, se mantenga ahí, a pesar de los miles de millones de pesos que se gastan en cada proceso electoral federal.
La historia es bien clara. Empieza por el nombramiento de los consejeros del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación que son designados por el Presidente de México, por el Senado y por la
Suprema Corte de Justicia de la Nación. Ahí radica la clave del chanchullo que se repite elección tras elección, porque esos 7 consejeros son aleccionados o presionados para que rindan fallos a favor del partido gobernante, en todas las impugnaciones que los demás partidos presenten. De nada sirve tanta movilización del pueblo de México, desde las precampañas, durante las campañas, la instalación de las casillas, la selección de los encargados de dichas casillas y de nada sirve tampoco el número de votos que depositen los electores en las urnas, porque al terminar el proceso de cada elección surgen las quejas, querellas o impugnaciones de los partidos afectados, denunciando las trampas que se cometieron descaradamente y son revisadas, primero por el Instituto Nacional Electoral y luego son remitidas al mencionado Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que siempre es el que determina al ganador de cada elección impugnada.
O sea que estos siete ciudadanos de alto nivel echan abajo o sostienen todas las impugnaciones, y su fallo es irrefutable y definitivo.
Así pasó en las elecciones del Estado de México y de Coahuila, el PRI cometió una larga serie de violaciones que fueron manifiestas y sobre todo en el exceso de gastos de las campañas. Los partidos perdedores presentaron impugnaciones demostrando el exceso ante el Instituto Nacional Electoral, presidido por Lorenzo Córdova, quien ratificó las acusaciones presentadas y así lo manifestó oficialmente, y se pensaba que ante la manifiesta violación cometida pues el PRI gastó mucho más de lo permitido, el fallo del INE iba a echar abajo los resultados de las elecciones y el expediente se turnó al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, el que declaró inexistentes las violaciones tan manifiestas y declaró el triunfo del PRI en el Estado de México y en Coahuila.
Así fue como siete mexicanos elevados a los puestos de consejeros del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, echaron abajo todo el esfuerzo de los millones de mexicanos y vergonzosamente rechazó las pruebas claras que presentaron los partidos y el INE avaló.
Por lo tanto, de nada sirve toda la movilización de millones de mexicanos ni los miles de millones de pesos que se gastan, pues al final de cuentas son siete sujetos corruptos los que declaran al vencedor y al perdedor.
La pregunta es: ¿para qué sirven pues las elecciones?
Para declarar al mundo que en México hay democracia y rectitud electoral, lo cual no es cierto.

Deja un comentario