Homo Deus

Ciencia y Tecnología

Por Juan Luis Bretón Estrada

En la entrega previa de este espacio, comentamos que en su libro Sapiens, De Animales a Dioses, el doctor en Historia de la Universidad Hebrea en Jerusalén Yuval Harari, sostiene la idea de que no hay nada especial acerca de nuestra especie; el académico recorre los últimos 75,000 años de la historia de la humanidad para explicar cómo el Homo Sapiens no es sino una de las muchas formas posibles de ser humano, que nosotros y toda nuestra civilización sólo constituyen el resultado de una contingencia evolutiva como la que pudo haber ocurrido con cualquier otra especie.
En su segundo trabajo, el libro titulado Homo Deus, el profesor Harari explora el futuro a partir de la idea de la disociación de la inteligencia y la conciencia. Las máquinas que hemos construido a la fecha, con su increíble capacidad de procesamiento de datos, han adquirido la inteligencia necesaria para analizar nuestros comportamientos y, a partir de ese análisis, conocer lo que queremos incluso antes de que nosotros mismos seamos capaces de reconocerlo. Las máquinas que hemos construido, las mismas que representan la cúspide de nuestra asombrosa capacidad para controlar el mundo que nos rodea, las que ayudaron a modelar el entorno homocéntrico en el que hoy vivimos, nos ponen, igualmente, en una posición de vulnerabilidad como ninguna otra que hubiéramos experimentado antes.
Ya hemos hablado en este espacio de la singularidad; se trata de ese momento en el que la inteligencia de las máquinas se equiparará en capacidad creadora a la inteligencia de las mentes humanas que las diseñaron en primer lugar. Se llama así porque a partir de ese momento no hay forma de saber qué es lo que va a pasar.
De acuerdo con Y. Harari, desde una perspectiva evolutiva, los seres humanos no somos otra cosa que sofisticados mecanismos de procesamiento de datos, somos meros algoritmos bioquímicos, sujetos a las mismas leyes físicas que los algoritmos que creamos. Es nuestra capacidad para desarrollar algoritmos artificiales (últimamente electrónicos) la que nos ha permitido conseguir la erradicación de numerosas enfermedades, gozar de extendidos periodos de paz para grandes porciones de la humanidad o evitar la pérdida de muchas vidas a causa del hambre. Dese cuenta, apreciable lector/a, que hoy en día es más probable que un individuo se quite la vida a que muera en un conflicto bélico, que hoy hay más personas que mueren a edades avanzadas que las que mueren por enfermedades infecciosas o que actualmente son más las personas obesas que las que sufren de desnutrición crónica. Los algoritmos que creamos, especialmente aquellos que provienen de las ciencias informáticas y de las ciencias de la vida, nos han llevado a un punto desde donde podemos controlar nuestro propio destino. En palabras del propio Harari, nuestros ojos se encuentran ahora en objetivos mucho más sublimes, tales como la felicidad perfecta o la vida inmortal, y en esta búsqueda, escribe el profesor, “el ser humano se ha, de hecho, mejorado a sí mismo de tal forma que se ha convertido en dios”; de ahí el acertado título de Homo Deus.
No obstante, los mismos algoritmos -mecánicos y electrónicos- que hemos creado, y las redes en donde los hemos colocado, se están volviendo mucho más eficientes que nuestra propia inteligencia bioquímica para procesar información. Los programas computacionales, como hemos comenzado a ver, son ahora capaces de crear nuevos programas; es plausible esperar, entonces, que, a partir de la sigularidad, las máquinas crearán nuevas máquinas con la habilidad de mejorarse a sí mismas, tal como lo hicimos nosotros con nosotros mismos.
Homo Deus es una obra que explora los retos, los proyectos y las pesadillas que habrán de modelar el siglo XXI. Cuando la tecnología que utilizamos a diario, nuestro smartphone, por ejemplo, nos conozca a cada uno mejor de lo que nos conocemos a nosotros mismos y nos haga continuas recomendaciones, ¿seremos nosotros quienes continuaremos eligiendo nuestra pareja o nuestro trabajo o la música que escuchamos o los libros que disfrutamos? Cuando la inteligencia artificial ocupe nuestros puestos de trabajo, ¿de que forma encontrarán sustento las personas y las familias?, ¿dónde encontrarán las personas significado para sus vidas? Cuando sea posible diseñar cuerpos y cerebros, ¿prevalecerá el diseño inteligente sobre la selección natural?
Para Harari, en este punto nos encontramos en los prolegómenos de una segunda revolución cognitiva, una de alcances mucho más profundos de aquella ocurrida hace más de 70,000 años a partir de la capacidad generadora del lenguaje del Homo Sapiens. En esta ocasión, las máquinas pensantes -y aprendientes- tendrán acceso al entorno intersubjetivo en el que descansó, hasta ahora, nuestro magnífico poder como especie y serán mucho mejores que lo que fuimos nosotros para gestionarlo. De la misma forma en que la primera revolución cognitiva cambió el curso de la historia al punto de dar origen a la aventura humana sobre el planeta; la segunda revolución del conocimiento tiene el potencial para modificar, de nueva cuenta, lo que significa ser humano.
Usted, apreciable lectro/a, ¿qué opina?

Juan Luis Bretón Estrada es Director General de Brain Shift Laboratorio de Robótica, organización que brinda soporte educativo orientado a expandir el alcance del aprendizaje de niñas y niños, especialmente en las áreas de Matemáticas, Ciencias y Tecnología utilizando los principios del Pensamiento Computacional; asimismo, es profesor de Estadística en la Universidad de Guanajuato.
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